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    2019-04-15


    Tanto en el cuerpo principal de la revista como en la sección de análisis de libros y revistas, aparecen artículos y notas de tenor necrológico, los cuales ofrecen una suerte de homenaje póstumo Adriamycin HCl personajes que generalmente habían actuado en el terreno científico, filosófico o de gestión pública y educacional. A pesar de la heterogeneidad consustancial a proyectos colectivos como es el caso de las revistas, en cuyo interior suelen convivir líneas en tensión, la aparición de estas notas necrológicas es bastante ilustrativa de los intereses y las redes intelectuales que caracterizaron la actuación de Ingenieros. Sobre la tipología discursiva de las necrologías, debemos decir que se nutren de distintas vertientes de la tradición biográfi Por un lado, tenemos la laudatio funebris, una forma protobiográfica heredada de la tradición clásica, una pieza oratoria que un pariente o amigo del muerto pronunciaba en sus funerales. La oración fúnebre es el núcleo, también, de muchos textos hagiográficos que, por influjo del cristianismo tardoantiguo y medieval, inscribirían en las vidas una serie de rasgos que sobrevivirían incluso a los procesos modernos de secularización. En segundo lugar, la organización discursiva de estos textos remite también a otra tradición, no necesariamente vinculada a la instancia de la muerte: el elogio académico o institucional. El término éloge se usaba como sinónimo de vie en la Francia de los siglos xvii y xviii. Privilegiaba otro componente: la necesidad de celebrar y, desde ese ángulo, se relacionaba con el antiguo género epidíctico, la oración funeral y la hagiografía. La crítica ha destacado la impronta tanto de la hagiografía medieval como de la biografía antigua en la constitución del género del elogio, particularmente el modelo de las Vidas de Plutarco o De viris illustribus de Cornelio Nepote. Plutarco fue un modelo para las biografías seculares, de artistas, escritores y eruditos, que florecieron sobre todo en el Renacimiento italiano, como los Elogios de hombres famosos de Paolo Giovio, escritos en latín, o las Vidas de artistas, escritas por Vasari en italiano. Que en la Francia del siglo xvii se escribieran estas vidas en lengua vernácula, dice algo significativo respecto de la visibilidad social de escritores y eruditos, porque demuestra que la biografía encomiástica excedía la autoglorificación de un grupo limitado para satisfacer la curiosidad de un público educado ampliado. Fue precisamente en el siglo xviii que las formas del elogio comenzaron a pancreas vincularse más estrechamente con la actividad intelectual: ese discurso pronunciado en ocasión de la recepción de un miembro en una academia o cuando se le otorgaba algún premio, también tenía lugar cuando dicho miembro se retiraba o fallecía. Los estudiosos del género señalan como un punto de inflexión el momento en que la Academia que nucleaba a los médicos franceses, en la época prerrevolucionaria, comenzó a promocionar el elogio de sus miembros desde una perspectiva igualitaria, como una forma de destacar el talento por sobre las diferencias de clase, aunque inevitablemente esta situación se daba en el seno de una élite que tenía acceso a la cultura y el poder. Atributos de los médicos que parecían heredados de la escritura hagiográfica, como los de devoción o sacrificio, se conjugaban con las nociones de patriotismo y ciudadanía para colaborar en la constitución de una ideología médica moderna. El elogio era entonces una hoja de servicios prestados a la ciencia que autorizaba a rendir honores a esos médicos que quedaban convertidos, así, en muertos ilustres. El lugar tomado por las academias y el concedido a los elogios de los muertos fue una peculiaridad del caso francés que prontamente se tornó modélica. El peso —si no exclusividad— de los hombres en las academias marcó la condición genérica del elogio: eran vidas de grandes hombres escritas por otros grandes hombres, que conformaban una tradición biográfica netamente patriarcal.